domingo, 29 de junio de 2014

ANÁLISIS VICTIMOLÓGICO DE LA PELÍCULA "EL NIÑO DE BARRO"


ANÁLISIS VICTIMOLÓGICO DE LA PELÍCULA "EL NIÑO DE BARRO"
Extracto del  capítulo correspondiente en el libro “Victimología y los menores víctimas en la cinematografía”, Iuris Universal Ediciones, Primera edición. ISBN: 978-84-941878-4-1, España, 2014. 

Licenciada en Psicología y Perito en Psicología Forense: Clarissa Danira Velázquez Romero 
Doctor en Derecho Penal Juan Antonio Maruri JIménez
Tepic, Nayarit, México.

RESUMEN

En la obra cinematográfica “El niño de barro” encontramos la existencia de diversas conductas antisociales tales como asesinatos, violación sexual, pornografía infantil y robo; respecto de la etiología criminal -al asomarnos un poco a los estilos de vida y relación entre los personajes-, recordemos que tanto el victimario como la víctima le deben su razón de ser a los factores bio-psico-sociales que los rodean a lo largo de su desarrollo; vemos también perfiles victimales diversos y el proceder de un asesino en serie que inició su carrera criminal a muy corta edad y que fue quien inspiró esta producción que nos ilustra con el caso de Cayetano Santos Godino (representado por Abel Ayala), que en 1912 aterrorizó a toda Argentina al cometer 4 asesinatos, 7 intentos de homicidio y varios intentos de incendiar edificios, contando con tan solo 16 años edad que fue cuando asesinó a su última víctima.

Mateo (Juan Ciancio), el personaje principal de la cinta cinematográfica, es el sobreviviente de un ataque de Cayetano años atrás, es por eso que tiene una conexión con él y puede ser “vidente” de los asesinatos e intentos de asesinato que se dan en el pueblo, estas “visiones” por momentos hacen dudar de la cordura de éste niño, pero es este mismo toque de irrealidad lo que le da suspenso a la obra cinematográfica y mantiene la atención del espectador.


"PARA NOSOTROS YA NO HAY JUSTICIA, ME CONFORMO CON LA VENGANZA..."

          Esas fueron las palabras de Estela cuando la llevaban hacia el calabozo con las esposas sujetando sus manos que acababan de cometer un crimen, y en el alma el dolor de haber perdido a su pequeño hijo Mateo, cuyo cuerpo minutos antes yacía muerto entre sus brazos.

Esa es la escena que describe de una manera explícita la condición de la víctima infractora según la clasificación victimal de Benjamín Mendelsohn, éste tipo de víctima comete un delito y al analizar las características del hecho se puede concluir que el ejecutor es en realidad la víctima; como podemos ver claramente en los casos de homicidio en legítima defensa, por ejemplo, la persona que llega a su casa y dentro de ésta encuentra a un ladrón, el delincuente al verse descubierto se lanza sobre la persona con un arma y el dueño de la casa le da un golpe mortal al luchar.

Mendelsohn[1] expresa que es de suma importancia analizar además de los elementos que conforman al delito –objetivos, subjetivos y normativos-, así como los perfiles tanto victimológico como criminológico que vinculan al hecho criminal, ya que no existiría uno sin el otro.

La problemática social en Argentina en la primera década del siglo XX estuvo ligada directamente con el proceso de inmigración europea –por guerras o crisis económicas y políticas-, puesto que necesitaba de estos inmigrantes para poblar grandes extensiones de tierra deshabitada, pero sobre todo, para avanzar hacia la modernidad y así poder elevar la cultura nacional a través de la implementación de los valores del trabajo.

En ésta época, a la existencia de las clases terrateniente y campesina se le sumó la clase media conformada por inmigrantes y sus hijos, dedicados especialmente al comercio, conformándose así la clase obrera, lo cual nos presenta una semblanza de una población altamente heterogénea con intereses, cultura e idioma diversos.

El reconocimiento de la existencia de factores victimógenos en grupos en condiciones de vulnerabilidad motivó un interés creciente por los derechos de las víctimas del delito; pero el análisis sólo se amplió hasta que fue posible observar la vulnerabilidad de las víctimas del delito frente a los propios sistemas de justicia penal y de los imputados frente a las instancias de la justicia penal.



[1]  Benjamin Mendelsohn fue pionero en 1946, en utilizar la palabra Victimología y en señalar la necesidad de un estudio científico de la víctima del delito (MARCHIORI, Hilda, “Criminología, la víctima del delito”, México, 2009, 15).  

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